alma del destino … los guías.
Cuando abro un destino nuevo y llego al aeropuerto de entrada, tras recoger las maletas, me asalta la misma pregunta: ¿Cómo será el o la guía de este lugar?
Muchas veces, al viajero le preocupa si su hotel es céntrico, confortable, si el autobús es moderno o si las comidas no son demasiado exóticas.
Sin embargo, pocas veces reflexiona sobre la importancia de la persona que le mostrará el país: ¿Será empática? ¿Estará preparada? ¿Tendrá un buen nivel de castellano? ¿Sabrá organizar los tiempos y la ruta del día para maximizar la experiencia?
A lo largo de mi carrera he conocido a muchos guías, y puedo decir que algunos se han convertido en amigos tras años de compartir una semana tras otra en un autobús.
¿Todos son maravillosos? No. Pero cuando encuentro uno que se implica en su trabajo, procuro cuidarlo y hacerle la vida fácil.
Porque un grupo puede perdonar un hotel regular o una comida mediocre, pero un guía pésimo puede arruinar meses de preparación en solo un par de días.
Una experiencia inolvidable
Recuerdo un caso particular, un «garbanzo negro» en Siria, cuyo nombre prefiero no mencionar.
Este guía no solo carecía de las mínimas condiciones necesarias, sino que, al despedirse en la frontera con Jordania, lo hizo de malas formas.
El grupo, a pesar de todo, le dio una propina aceptable. Con descaro, contó el dinero frente a los clientes y les recriminó su «poca generosidad».
Le llamé severamente la atención, pero antes de irse dejó instrucciones en la aduana siria que complicaron mi salida.
Cuando entregué los pasaportes del grupo al agente de aduanas, éste insistía en que faltaba uno, aunque había 50.
Tras varios intentos, entendí el problema: un billete de 50 dólares solucionó milagrosamente el «error».
Sin embargo, al intentar subir al autobús, el policía me informó que debía cruzar a pie los 5 kilómetros de tierra de nadie entre Siria y Jordania, bajo un sol abrasador de más de 40 grados. Mis viajeros tuvieron que esperarme al otro lado de la frontera.
Esta experiencia es, sin duda, la excepción que confirma la regla.
La mayoría de los guías que he conocido son verdaderos embajadores de sus países, personas que dejan a su familia y entorno para esforzarse al máximo por ofrecer una experiencia inolvidable.
Rostros inolvidables
A lo largo de los años, muchos nombres y rostros han quedado grabados en mi memoria.
No tengo espacio suficiente para mencionarlos a todos, pero aquí van algunos que representan la excelencia en su profesión:
- Carlos Quintero: Me enseñó a contemplar el horizonte y los cielos infinitos de Roma.
- Yankele Mitrani: Mi amigo. Me recordó que la vida es un puente angosto y lo más importante es no tener miedo.
- Nela: En la Ruta de la Seda, nos habló de la oveja del desierto del Kizil Kum mientras hacíamos paradas improvisadas en Uzbekistán.
- Edy: En Uganda, pedía disculpas a cada bache en el camino, reflejando su bondad y esfuerzo.
- Olek: Un gigante polaco con alma de niño.
- Yuka: Una japonesa que, contra todo estereotipo, adoraba los abrazos y se detenía a admirar flores al borde del camino.
- Rosa: Periodista que explicó como nadie los intrincados secretos de la antigua Yugoslavia.
- Levent: Su visita a Göbekli Tepe y su gusto por la gastronomía turca dejaron huella en mi alma.
- Moises: En Egipto, congregaba a los viajeros con su icónica frase: «Bueno, bueno, bueno, habibis.»
- Amir: En Irán, sus explicaciones en el mausoleo de Hafez se asemejaron a una experiencia espiritual.
- Lula Quintero: Un ejemplo de resiliencia y pasión, capaz de transmitir el alma de los destinos con una energía que ilumina cualquier viaje.
- Doan: te enseña Vietnam a través de los sentidos. Viajar junto a el, es una muestra de que la energía no se agota cuando alguien hace con pasión su trabajo.
Podría seguir con una lista interminable, pero cierro con un agradecimiento infinito a todos aquellos que no he mencionado y que han enriquecido mi vida y la de mis viajeros.
Reflexión final
Los guías son el alma del destino. Son ellos quienes transforman un lugar en una experiencia y quienes, con su esfuerzo y pasión, crean recuerdos imborrables. A todos ellos, gracias por su dedicación.
- Rosa, guía de Croacia
- Olek, guía de Polonia
- Nela, guía de Uzbekistán
- Yankele, guía de Israel
- Lula, Guía de México
- Doan, guía de Vietnam
- Amir, guía en Persia
- Moisés, guía en Egipto
- Edy, guía en Uganda (haz Click en la foto)
- Yuka, guía en Japón
































