🇳🇴 Noruega: donde el guía solo tiene que señalar y sonreír

Por Toon Espinosa

Noruega

En este viaje, descubrí que el silencio también guía. Bastaba levantar el brazo, señalar hacia el horizonte y sonreír. Lo demás lo hacía Noruega.

Durante una semana, recorrimos sus fiordos, ciudades encantadoras y paisajes imposibles de describir con palabras. Acompañé a un grupo de Savitubers —así llamamos cariñosamente a los seguidores de nuestro canal SaviturConToon— en una aventura organizada desde Viajes Savitur que ahora comparto con vosotros, con la emoción aún fresca en el corazón.

Día 1. 

Stavanger: el primer suspiro y el encuentro con Giacomo

Aterrizamos en Stavanger con la luz dorada del atardecer y un aire que olía a limpio. Allí nos esperaba Giacomo, nuestro guía local: un italiano que lleva años viviendo en Noruega y que habla de sus montañas como quien recuerda a su primer amor. Alto, sereno y con una sonrisa que inspiraba confianza, fue el primer regalo del viaje.

Día 2. 

Lysefjord y Marianne: la conductora que tejía en los ferris

Ese día navegamos entre paredes de roca que se levantan hasta el cielo: el famoso Preikestolen nos miraba desde arriba como un gigante dormido.

Pero el otro gran momento fue conocer a Marianne, nuestra conductora noruega. Discreta, tímida, cercana a la jubilación, nos conquistó sin decir mucho. Manejaba su Setra nuevo y superconfortable con una elegancia que rozaba lo artístico.

Y en los ratos de espera, mientras el autobús descansaba dentro de un ferry, ella tejía un jersey de lana. Esa imagen, tan sencilla y poderosa, fue una postal viva del alma noruega.

Día 3. 

Hacia Bergen, entre ferris y ventanas abiertas

Las carreteras de Noruega no son solo rutas: son espectáculos. Los Savitubers miraban por la ventanilla como niños. Túneles, fiordos, islotes, valles… cada curva era una sorpresa. En Bergen, la ciudad de la lluvia nos recibió con sol y el muelle de Bryggen desplegó su colorida historia de madera frente a nosotros.

Día 4. 

El día más bello del mundo: Voss, Flåm y el Nærøyfjord

Tomamos el famoso tren panorámico de Voss a Myrdal, y luego descendimos a Flåm, abrazados por montañas. Desde allí, navegamos el estrecho y majestuoso Nærøyfjord, Patrimonio de la Humanidad. No hacía falta hablar: el fiordo lo decía todo. Yo solo señalaba… y sonreía.

Día 5. 

Briksdal y Geiranger: hielo, cascadas y emociones

La lengua del glaciar Briksdal nos recibió con su azul inverosímil. Algunos subieron en carritos eléctricos, otros caminamos… pero todos nos hicimos una foto con los pies en el agua helada.

Después, el Geirangerfjord se abrió ante nosotros como una catedral líquida, entre cascadas con nombres legendarios y montañas imposibles.

Una viajera me miró y me dijo:

— Toon, aquí tu estás de vacaciones.

Y tenía toda la razón.

Día 6. 

De iglesias de madera y recuerdos nórdicos

Visitamos la iglesia medieval de Ringebu, oscura, sobria, con tejados que parecen vikingos. Luego, en Lillehammer, almorzamos como en casa: sopa, albóndigas, puré de patata y una tarta deliciosa.

A la salida, Marianne tejía en silencio. El jersey iba tomando forma, igual que nuestros recuerdos.

Día 7. 

Oslo: el broche perfecto

Recorrimos el Parque de Vigeland, con sus esculturas humanas llenas de emoción. Paseamos por el Palacio Real, el Ayuntamiento, la Ópera moderna. Pero lo más especial fue el crucero por el fiordo de Oslo al atardecer.

En el barco, algunos miraban el agua, otros el cielo. Yo simplemente señalaba… y sonreía.

Dormir en Noruega: sencillez en la habitación, calidez en los espacios comunes

Los hoteles noruegos nos enseñaron que la comodidad no necesita adornos. Las habitaciones, de decoración sobria, estaban pensadas para el descanso. Los edredones doblados al pie de la cama parecían susurrar “cuando quieras, abrígate”.

Las cortinas, tan finas como la niebla, apenas lograban ocultar la claridad de una noche casi inexistente. Pero lejos de molestar, esa luz suave nos recordaba que estábamos lejos, muy lejos de casa.

Y la temperatura… ¡bendita temperatura! Dormíamos tapados, felices, sabiendo que por una semana habíamos escapado del calor del verano español.

En contraste, las recepciones, bares y restaurantes eran todo calidez: luces tenues, sillones mullidos, chimeneas de fondo y un silencio acogedor. Se notaba que este es un pueblo que pasa mucho tiempo en casa, leyendo, conversando, viviendo despacio.

Comer en Noruega: desayunos que daban coraje

Y si de placeres hablamos, la comida merece su lugar.

Los desayunos eran tan abundantes y deliciosos que daban coraje. Sí, coraje… porque todo estaba tan bueno que uno deseaba no saciarse para poder seguir comiendo. Panes recién hechos, quesos locales, embutidos, frutas, yogures, mermeladas, café aromático…

Y las comidas y cenas, lejos de lo que muchos esperaban, fueron excelentes. Menús equilibrados, platos sabrosos, productos frescos. Comimos bien, y en algunos casos, de maravilla. Cada comida fue también un momento para compartir, para reír, para saborear el viaje con el paladar.

Epílogo: Noruega me enseñó a callar

Como guía, uno quiere contar, explicar, traducir… pero en Noruega aprendí a retirarme a tiempo. Aprendí que hay paisajes que no necesitan palabras. Que el silencio, cuando se comparte con un grupo que mira con el alma, también es una forma de hablar.

Y que si sabes mirar, Noruega te habla. Solo hay que estar ahí, con los Savitubers, señalar… y sonreír.

Si Noruega te llama tanto como a mí, aquí puedes ver el viaje que organizamos cada año:

👉 Viaje a Noruega con Savitur

FIORDOS Y STAVANGER JULIO 2026

 

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Una peregrinación inolvidable entre santos, paisajes y leyendas

Toon en Italia

Probablemente, esta haya sido la peregrinación a Italia en el Año Jubilar 2025 en la que he visitadomás lugares nuevos por primera vez. Y mira que, gracias a mis viajes con los grupos de Savitur, esteaño ya he recorrido muchos destinos.

He disfrutado muchísimo, tanto con los paisajes como con mi comunidad parroquial de Rincón de la Victoria. En esta ocasión no solo fui guía: también fui peregrino, uno más entre mis feligreses.

En el grupo venía un joven madrileño, Arturo, que acompañaba a su tía. Nos hemos reído mucho mientras grabábamos vídeos para mi canal de viajes de YouTube: SaviturConToon.

Arturo fue una gran ayuda: se maneja con soltura en redes sociales y cámaras.

Asís y la ternura de los santos

Comenzamos por Asís, ciudad ampliamente visitada por mí pero que nunca me defrauda. Ademásde visitar a Santa Clara y a San Francisco, volvimos a rezar junto a la tumba del joven beato Carlo Acutis.

Finalizamos el día en Santa María de los Ángeles, orando en su maravillosa Porciúncula.

El corazón verde de Italia y las leyendas de los Apeninos

Fue al día siguiente, al salir de Asís en dirección a Cascia, cuando comprendí por qué a la región de Umbría se la llama el corazón verde de Italia. En plena cordillera de los Apeninos centrales,compartí con el grupo la leyenda de los Montes Sibilinos, donde antiguos caballeros buscaban unagruta escondida —el Palacio de Cristal— gobernado por una Sibila profética.

Se dice que solo los
puros de corazón podían encontrarla, y que muchos nunca regresaron.
Mientras avanzábamos entre arroyos cristalinos y una exuberante vegetación, me sorprendía
reflexionando sobre algo:
¿Por qué la península italiana es tan frondosa comparada con la
española, si ambas están bañadas por el Mediterráneo?

Tras investigar un poco … Italia posee más montañas de media altitud, una orientación
diferente de las cordilleras que retienen más humedad, y además recibe la influencia húmeda del Adriático y los Balcanes. Todo esto favorece una vegetación más verde y densa que en gran parte de España, donde el clima tiende a ser más seco y continental.

Cascia: entre acantilados y devoción

En el camino vimos decenas de pueblos suspendidos en acantilados y picos montañosos. Este tipo de asentamientos en lo alto se conoce como “borghi arroccati” (pueblos encaramados). Se construían así por razones defensivas, visibilidad, y también para protegerse de inundaciones y enfermedades.

Al llegar a la entrada de Cascia, nos recibió una enorme estatua de Santa Rita. Subimos desde el parking hacia el santuario a través de un moderno sistema de ascensores y escaleras mecánicas que facilita mucho el acceso a los peregrinos.

Visitamos la Basílica-Santuario de Santa Rita de Cascia, atendida por los Padres Agustinos. Justo cuando entramos, se celebraba una misa solemne con cantos que nos ayudaron a recogernos profundamente al orar frente al cuerpo incorrupto de la santa.

Consejo: infórmate en la oficina del peregrino sobre los horarios de visita del claustro. Y no olvidesllevar una moneda de 1 €, ya que el acceso a los baños está automatizado.

Almorzamos en el restaurante Scoglio Rosa, cómodo para grupos. La región es famosa por su trufa negra, así que no dejes de probar productos locales.

Montecasino: historia, espiritualidad y una visión celestial

Al día siguiente visitamos por primera vez la Abadía de Montecasino, destruida casi por completo en la Segunda Guerra Mundial y reconstruida con esmero. Aquí se encuentran las tumbas de San Benito y Santa Escolástica, fundadores del monacato occidental.
Nos emocionó celebrar la misa en la capilla de su espléndida sacristía, rodeados de historia y
belleza.
Recuerdo una historia preciosa: unos días antes de morir, Santa Escolástica pidió a su hermano Benito que se quedara a orar con ella. Él se negaba por respeto a su regla, pero ella oró a Dios y se desató una tormenta tan fuerte que Benito no pudo marcharse.

Pocos días después, Benito vio cómo el alma de su hermana subía al cielo en forma de paloma.

Nápoles: calor, caos y dulzura

Desde Montecasino descendimos por una carretera con vistas espectaculares hacia Nápoles, donde el calor nos recibió con fuerza.

Aunque algunos se quejaron del sofoco, el almuerzo fue típico:cuoppo napolitano, pizzas de varios tipos y babá de postre.

Después llegó Davide, nuestro guía local, que nos enamoró de Nápoles y su caos entrañable: laGalería Umberto I, el Palacio Real, el barrio español, y la Plaza del Gesù, donde saludamos la tumba del beato Giuseppe Moscati, médico y santo de la caridad napolitana.

Tras un rato libre, algunos visitaron la cercana Via San Gregorio Armeno, llena de tiendas, figuritas de belén, heladerías y pastelerías únicas. Los dulces napolitanos no tienen comparación.

Subiaco: en la gruta donde nació la regla benedictina

Desde Campania pusimos rumbo al Lacio, y en concreto a Subiaco, donde se conservan dos de los doce conventos originales fundados por San Benito. Uno de ellos, el Santuario del Sacro Speco, me dejó sin aliento.
Tras un corto trayecto a pie por senderos y escaleras, la visión del santuario incrustado en la roca impresiona. A tu alrededor, los vencejos cruzan a ras de tu cara, y al entrar, todo te invita a la introspección: frescos por todas partes, silencio, belleza.

Descendimos por la Scala Santa, una escalera tallada en piedra que, según la tradición, fue utilizada por Benito como vía de acceso al interior del monte.
En la gruta, vivió como ermitaño durante tres años. Allí fue alimentado por un monje cercano, y cuando este no podía llegar, un cuervo domesticado le traía trozos de pan.

Durante su retiro, San Benito luchó contra tentaciones —como la famosa escena del rosal espinoso en el que se arrojó para dominar su deseo— y allí escribió parte de su Regla, base de la vida benedictina.

Los herbolarios monásticos: el legado de Ora et Labora

En la Abadía de Santa Escolástica y en el Sacro Speco, visitamos tiendas de productos monásticos.
Los benedictinos, siguiendo el lema “Ora et Labora”, desarrollaron conocimientos de herbolaria, farmacología y cosmética natural. Estos herbolarios medievales preservaron saberes que hoy siguen vivos en infusiones, bálsamos, jabones y ungüentos, muchos elaborados aún en los monasterios.

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Finalmente, llegamos a Roma, donde atravesé una vez más la Puerta Santa para ganar el Jubileo. Lo hice agradecido por un trabajo que me permite seguir profundizando en la historia de hombres y mujeres que han marcado, para bien, el rumbo espiritual y cultural de Europa y del mundo.

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