“Japón entre cortinas»


Ritualizar el viaje para entender un país

En Japón descubrí que no hace falta llevar pijama.
El país ya ha pensado en eso por ti.


👉 Si estás pensando en viajar a Japón, puedes ver aquí el itinerario completo del viaje organizado:

Viaje organizado a Japón — Otoño 2026 desde Málaga

En cada hotel, cuidadosamente doblado sobre la cama, me esperaba una prenda que no era del todo pijama ni del todo kimono. A veces bonita, a veces demasiado corta, a veces imposible. Y sin darme cuenta, aquello se convirtió en un juego y en un ritual. Me probaba el pijama de turno como quien se prueba una versión distinta de sí mismo. Japón, noche a noche, también me vestía.

JUNTO EL LAGO ASHI DESPIERTO Y …
https://youtu.be/E4Nv0msJ9Ow

De ese gesto doméstico nació otro. Fingía que me despertaba, corría la cortina y dejaba entrar el paisaje. Kyoto. Takayama. Hakone. Tokio, ya de noche. No era postureo, era una manera de decirme: estás aquí, mira bien. El viaje empezaba cada mañana en silencio, desde dentro de una habitación.

Japón no se impone. Se insinúa.


Lo que se deja atrás también importa

Cerca del castillo de Osaka, en un pequeño santuario, aprendí algo esencial. Los papeles atados a cuerdas no son deseos, sino oráculos desfavorables. No se llevan. Se dejan allí. Como quien dice: esto no me lo cargo encima.

Japón enseña sin levantar la voz.
Te muestra que soltar también es una forma de respeto.

En Nara, en un templo sintoísta, conocí la ceremonia de Okuizome. Un ritual infantil que simboliza el primer gesto de alimentación, el deseo de que el niño nunca pase hambre. Japón cuidando el futuro desde la infancia, con una delicadeza que emociona.

Y en Fushimi Inari, entre miles de torii rojos, vi grullas de papiroflexia ofrecidas por estudiantes. No pedían milagros. Pedían constancia. Aprobar un examen doblando paciencia en papel.

Japón no pide fe. Pide compromiso.


La delicadeza como forma de vida

Un día, cerca del castillo de Kyoto, vi a dos operarios cortando el césped. Uno manejaba la desbrozadora. El otro sostenía una pantalla para que las piedras no salpicaran a los transeúntes. Nadie se lo pidió. Nadie lo grabó (salvo yo). Simplemente era lo correcto.

Ese gesto explica más Japón que muchos libros.

Este tipo de experiencia forma parte de un viaje a Japón organizado que recorre lugares como Tokio, Kioto o Nara.

 

Lo entendí también en un andén de la estación de Kyoto, grabando en cámara lenta cómo un empleado del shinkansen asomaba la cabeza por la ventanilla para controlar que todo estuviera en orden.

O en el autobús, cuando nuestra guía, Yuka, nos explicaba las distintas calidades de sake dibujando un simple grano de arroz en una pizarra.

La precisión japonesa no es rigidez.


Es consideración.


Tradición que convive con el presente

Desde la terraza de Kiyomizudera, la vista es imponente. Pero antes de mirar el paisaje, vi a dos chicas vestidas con kimono tradicional, móviles en la mano. Tradición y presente sin conflicto alguno.

En el Templo Dorado, una carpa simboliza la promoción a dragón. El esfuerzo que asciende. La transformación. Japón siempre hablando en símbolos, nunca en consignas.

En el estanque de Kyoyochi, los colores del otoño se reflejaban sin prisa. Un árbol de kaki parecía recordarme que hay tiempos que no se fuerzan. Se esperan.


Las personas que hacen el viaje

En Takayama, paseando por Hida Minzoku Mura Folk Village, entendí que los cambios de plan también forman parte del camino. No pudimos llegar a la aldea de tejados de libro por un corte de carretera, pero Japón siempre ofrece alternativas que no se sienten como renuncia.

Allí fotografié la antigua sede del shogunato, su sala principal, su jardín. Compré una chapela japonesa a Takku, un artesano que trabajaba con las manos y con el tiempo.

Vi una pareja vestida con kimono nupcial cruzando la calle como si el mundo les concediera una tregua.

Japón es un escenario donde la vida sigue ocurriendo con una belleza serena.


Moverse, observar, dejarse llevar

Navegar por el lago Ashi, subir en el funicular buscando la panorámica del Monte Fuji, caminar tras una cena de shabu shabu por las terrazas superiores de la estación de Kyoto guiados por Yuka. Todo fluye, todo encaja.

Y luego Tokio.

La academia de moda iluminada de noche.
El Golden Gai, con sus bares diminutos y su calle imposible.


Shibuya, buscando a Ana y Miriam entre la multitud hasta encontrarlas y reírnos de lo absurdo de perdernos en el lugar más concurrido del mundo.


Omotesando y una cafetería donde puedes acariciar un cerdito pequeño. Japón también sabe jugar.


Cerrar la cortina

Viajar a Japón no fue solo visitar templos, ciudades o paisajes.
Fue aprender a mirar con más cuidado.
A moverme sin invadir.
A aceptar que no todo se controla y que no todo se lleva de vuelta.

Cada mañana, al correr la cortina desde una habitación distinta, entendía algo más. Japón no se conquista. Se habita por momentos.

Y quizá por eso, incluso en pijama, se siente tan profundamente.

Hombre delante de Arce Japonés

Si Japón te llama tanto como a mí, aquí puedes ver el viaje que organizamos cada año:

👉 Viaje a Japón con Savitur

Viaje organizado a Japón — Otoño 2026 desde Málaga

Japón y la pérdida de sus Samurais.

Nipón, el Sol naciente – Un país digno de ser visitado.

No conozco otro pueblo con mayor capacidad de observación y de situarse en el momento presente como el japonés.

Este otoño con Savitur, del 7 al 17 de noviembre viajamos en grupo desde Málaga a Japón.

Nipón, el Sol naciente

Me sorprendían los anuncios en Tokio y a su vez los sentí como una interpretación japonizada del consumismo occidental.

Nipón, el Sol naciente

Todas las mascotas japonesas parecen estar diseñadas.

La capacidad de concentrarse.

Un pueblo que ha sabido y sabe concentrarse plenamente en cualquier situación; por fuerza, eleva los estándares de belleza de su entorno.

Porque cuando miras atento, sin ansia, se puede conectar con aquello que los artistas denominan inspiración.

Los colores, sonidos, silencios, la forma y el vacío, se viven, y no se ven bien sumergidos en el barullo de nuestra mente.

Nipón, el Sol naciente

Las casas tradicionales son muy difíciles de modernizar sin que pierdan su esencia.

Un pueblo con esa hondura de miras, no me imaginaba yo, que dedicara tamaño talento a temas tan terrenales como la dedicación absoluta de la persona a su trabajo.

No me malinterpreten mis amados lectores ya que soy empresario-autónomo, pero la dedicación de un japonés a su trabajo, raya en la devoción.

Nipón, el Sol naciente

Monje Mendicante Kiyumiso

Nipón, el Sol naciente

Fushimi

El origen de su contradicción

Y es algo que comienza con el joven emperador Meji. Seguro habéis visto la fantástica película: el Último Samurai.

En este periodo, se derogan los derechos de aquellos nobles guerreros y toda su filosofía de vida.

La dedicación del pueblo nipón a su sistema feudal, se sustituye cual placebo en el alma japonesa por la modernidad que vino de occidente.

Con los años ha derivado en algo que no es liberalismo, porque un japonés tiene que ser fiel y se casa con su empresa a falta de un buen Shogún y como todas las cosas forzadas no termina de cuajar.

Nipón, el Sol naciente

Sus tradiciones

Nipón, el Sol naciente

La búsqueda de la perfección desde pequeños

Nipón, el Sol naciente

Detalle del templo de Nikko

El espíritu del Samurai

El árbol icónico del samurái era el abeto.

En la arriesgada y corta vida de un Ronin, tiene toda la lógica que se admirara a un árbol de hoja perenne y longevo.

Lógica pues tiene que en el parque que separa los rascacielos de Tokio del Palacio Imperial, se encuentre un parque, repleto de abetos, que alojan con seguridad los espíritus de aquellos valientes hombres que aun protegen a su emperador.

A pesar de su desplante y susurran a su pueblo que ese no es su camino, que su ser es más elevado.

Nipón, el Sol naciente

Frente al Palacio del Emperador … la modernidad

Nipón, el Sol naciente

Palacio del Emperador

No sé cómo explicar con las palabras, lo que sólo se puede sentir visitando.

¿Cómo mira un japonés?

Me gustaría por un instante, poder mirar como mira un japonés (y no me refiero a achinarme los ojos) porque si a mí, que como occidental, observo más con la mente que con mi espíritu y lo que vi me sublimó.

¿Cómo lo verán aquellos que lo han hecho?

Nipón, el Sol naciente

Zen y modernidad viajar

Nipón, el Sol naciente

La naturaleza se pliega a sus cánones de belleza.

 

Nipón, el Sol naciente

Monte Fuji

Próximo viaje

En noviembre del 7 al 17 de noviembre, regresamos a Japón, hará frío, pero será doblemente bonito. Los japoneses, no saben hacer las cosas feas…. y siempre se puede beber Sake para calentarse.

JAPON – Savitur (mira aquí el itinerario y precio)

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