«Viajar con seguridad a Tierra Santa»
Cuando el Rvdo. D. Ramón Garrido de Almería me llamó para proponerme una peregrinación a Tierra Santa el 31 de marzo de 2025 —faltaban solo tres semanas—, he de confesar que pensé que sería imposible organizarlo en tan poco tiempo.
—Toon, vente a Almería para darnos una charla sobre Tierra Santa y explicarnos cómo está la situación allí…
Acepté. Y aquella tarde, en el salón de actos, se presentaron 15 personas. Lo pasamos bien, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, en los días siguientes, comenzaron a llegar los pagos del viaje.
A ese grupo se unieron tres personas de Madrid, que nos encontraron a través de www.peregrinaciones.com, y mi querida amiga Dolores Quesada, que perdió a su madre no hace mucho y deseaba revivir la peregrinación que ambas hicieron tiempo atrás.
Durante la espera hasta la salida, le decía a Raquel:
—Me parece mentira que voy a volver y ver a mis amigos allí…
Y llegó el día. Al subirme al avión, pasé de la ilusión a la euforia. Aunque mis amigos me aseguraban que todo estaba bien para visitar los santos lugares, no puedo negar que sentía un pellizco en el estómago.
Los trámites de entrada fueron como siempre. La única novedad fue que, en el aeropuerto, se debía mostrar el certificado electrónico (ETA), que gestionamos desde la agencia para cada peregrino. Todo lo demás, sin incidencias: solo dos personas fueron retenidas unos minutos y todas las maletas llegaron intactas.
En el aeropuerto me esperaba Yankele Mitrani, nuestro guía. Más que un colega, es un amigo y un referente en mi vida profesional. Lo encontré algo cambiado, como era de esperar. El turismo en Tierra Santa, tras el duro golpe del COVID, volvió a sufrir con el 7 de octubre. Años de trabajo y esperanza congelados. Afecta al ánimo, al carácter… a todo.
Nuestro conductor Ahmed, en cambio, pegó un salto de alegría al verme. Le devolví un abrazo sincero y nos pusimos en camino hacia Galilea.
Nos alojamos en el hotel Ron Beach de Tiberíades, mi favorito sin duda. En septiembre de 2023, me llevé por error la llave de la habitación 226. Esta vez la devolví a su dueño, Abraham. Fue un gesto simbólico, casi emotivo.
Este hotel me encanta por su ubicación, frente al lago, y porque me siento parte de su familia. Durante este tiempo difícil, han acogido a refugiados del norte de Israel, cerca de la frontera con Líbano. Aún quedaban algunos en el momento de nuestra visita.
Lo mejor: asomarse al amanecer y ver el sol elevarse sobre el lago. Y, por supuesto, bañarse en sus aguas, algo que hice esa misma tarde con mi amigo Javier Ruiz Cuadrado.
Después partimos hacia Nazaret. Sorpresa: ¡sin tráfico! Siempre tardaba al menos 40 minutos en llegar al centro, pero la falta de peregrinos y los últimos días del Ramadán nos facilitaron un acceso rápido.
Y entonces… Jacobo (o Yankele) renació. Sentado junto a la Fuente de la Virgen, comenzó a desplegar su magia: sabiduría, humor y una capacidad única para transmitir. Fue maravilloso ver cómo, al tomar conciencia de que volvía a ejercer su vocación, todo en él brillaba de nuevo.
¡Qué importante es sentirnos útiles en la vida!
Desde ese momento, todo fue alegría. Y para que puedas sentir un poco de lo que vivimos, aquí te dejo un vídeo lleno de cariño y gratitud.
Durante la semana que el Señor nos regaló en Tierra Santa, fuimos inmensamente felices. No sentimos temor alguno. Solo sufrimos al ver la necesidad que atraviesa la comunidad de Belén, donde decidimos alojarnos para apoyar a los cristianos locales.
Ojalá este vídeo te inspire a dar el paso. Si alguna vez soñaste con ir —o con volver— a la Tierra de Jesús, ahora también es posible hacerlo con seguridad, esperanza y sentido.
