Eindhoven, diciembre y un apellido que nos reúne

Familia

El 7 de diciembre nos reunimos más de 60 miembros de mi familia materna, los De Rooij, en una sala de laTennisvereniging de Heifoef (Roostenlaan 303-307, Eindhoven).
Un encuentro que llevaba tiempo gestándose y que, durante unos días, convirtió a Eindhoven en el epicentro de nuestra pequeña geografía emocional.

Familia De Rooij

Llegar… o no llegar

Raquel y yo aterrizamos el 5 de diciembre procedentes de Hanoi, tras acompañar a un grupo por Vietnam y Camboya. Antes de eso, Japón por trabajo. Y antes aún, casa… apenas un día.
Con el cansancio acumulado, me planteé seriamente no ir al encuentro familiar. Pero bastó escuchar la voz de mi madre al otro lado del teléfono, preguntando con esa mezcla de ilusión y necesidad si me vería allí, para que todo cambiara.

Reservé un vuelo de bajo coste para el día siguiente y una habitación doble en el Holiday Inn Centrum de Eindhoven, donde se alojaban mis hermanas y mi hermano. Decisión tomada.

Noche holandesa

Aterrizamos en EIN, el segundo aeropuerto más importante de los Países Bajos, ya de noche, con llovizna y ese frío húmedo que se te mete sin pedir permiso. Al salir de recoger las maletas estaban mi madre y Ad (diminutivo de Adrian en neerlandés), marido de mi tía Lot. El detalle nos llegó directo al corazón. Estábamos agotados.

Al llegar al hotel, Ad se despidió y mi madre, Raquel y yo bajamos a cenar. Pregunté por mis hermanos y me contó que aún no habían llegado, estaban de visita en Antwerpen con mis sobrinos.

Hablé con el responsable de sala en neerlandés, pero al fijarme mejor vi su nombre: Juan Carlos. Salté al español. Canario, más de dos años en Brabante y feliz con su trabajo. El mundo es pequeño.

En la mesa miré a mi madre con calma, con agradecimiento. Parar. Mirar su rostro sin prisas. Memorizar gestos. Recordar tanto. Y sentir, también, esa pequeña culpa por no hacerlo más a menudo.

 

Abrazos tardíos y descanso merecido

A los postres ya estábamos casi todos: Mónica, Belén, Diego, Quique y casi todos mis sobrinos. Abrazos, besos, risas. Pregunté por mi hermano Javi, su hija Mónica y su esposa Susana. Habían decidido dormir en casa de mi tía Corry, en lugar del hotel.

Subimos a la habitación con el cansancio marcando la “pava”, pero con la certeza de haber tomado la decisión correcta.

Desayuno con sabor a infancia

El jetlag nos despertó a las 3 de la madrugada. Aguanté como pude hasta las seis mirando el móvil. Bajamos a desayunar y empecé, sin pensarlo, por lo que tomaba de niño cuando visitaba a mi tío Fred:
pan de molde con mantequilla y mijitas de chocolate.
Luego otro con azúcar coloreada, queso con comino y lácteos de vacas que comen hierba fresca y saben, literalmente, a infancia.

Desayunamos sin prisas mientras poco a poco se iba uniendo el resto de la familia. Pregunté cuál era el plan antes del almuerzo de los De Rooij.

—Sí —dijo mi hermana Mónica—, hemos alquilado tres coches para ir a ver a la tía Corry a Zaltbommel y reunirnos allí con Javi. Tenemos sitio, ¿os venís?
—Perfecto —contesté.

Zaltbommel, el Waal y la tía Corry

Salimos a las 9 de la mañana hacia el Bommelerwaard, el pólder junto al río Waal. Aparcamos cerca de De Ruijterstraat (literalmente, “calle De Ruijter”) y antes de tocar el timbre, tante Corry ya estaba en la calle repartiendo besos.

Su casa, en el centro del pueblo, es antigua y de fachada estrecha, como tantas en los Países Bajos. Durante siglos, los impuestos se calculaban según el ancho de la fachada, así que las casas crecían hacia dentro y hacia arriba. Me invitó a verla: se ha mudado y ha dejado la casa a mi primo Fred.

Corry fue ginecóloga rural toda su vida. Querida por todo el pueblo. Dentro me sorprendió la inclinación extrema de la escalera de caracol que sube a los dormitorios.
—¿Cómo haces para no caerte? —le pregunté.
—Precisamente tu sobrina Mónica se ha caído esta mañana —me respondió, quitándole importancia—. Estoy hablando con un arquitecto, pero no es fácil. No quiero irme de esta casa, pero…

Y siguió enseñándome el precioso patio interior, el jardín y los muebles heredados de la casa de mis abuelos.

Salimos a pasear por el centro: tranquilo, cuidado, con la iglesia principal sonando con su carrillón. Llegamos al dique que protege al pueblo de las crecidas del Waal y paramos a tomar café en el único restaurante del lugar. Al pagar las bebidas de 11 personas (80 €), recordé perfectamente dónde estaba y el nivel económico del país 😄.

Un capricho: Heusden

—Tante Corry, ¿crees que nos da tiempo a ir a Heusden, ver los molinos y cruzar en el transbordador antes de comer?

Mi cuñado Quique dijo que no llegaríamos a tiempo (y tenía razón), pero mi tía contestó con complicidad:
—Que esperen a los españoles un poco. ¡Vamos!

Fuimos en caravana, con Javi en cabeza. Dudaba si el transbordador funcionaría ese sábado, pero ahí estaba. Llegamos diez minutos tarde, pero Corry ya había hablado con el capitán. Ventajas de haber sido la médica de toda la vida.

Durante el cruce bailamos, reímos y pensé en lo escasos que son estos momentos cuando somos adultos: disfrutar con tus hermanos como cuando éramos niños.

En Heusden grabé un vídeo para mi canal de YouTube SaviturConToon, junto a mi madre. En la entrevista empezó a hablar en neerlandés sin darse cuenta. Pensé en el público en español… y la dejé seguir. Estaba en su tierra, después de muchos años. Tiene 84 benditos años.

Foto junto a un molino y vuelta rápida a Eindhoven. Llegamos tarde. Otra vez 😄.

Los De Rooij en pleno

Antes de entrar en la sala, el bullicio ya se oía desde fuera. Cuando mi madre, para todos Tante Irene, cruzó la puerta, se la comieron a besos y abrazos.

Cervezas (como buenos holandeses), worstenbroodjes rellenos de carne, croquetas, patatas fritas… y cuatro horas poniéndonos al día. Primos, primas, hijos, trabajos, salud, vacaciones. Más de 60 personas.

Tras la foto de grupo, quedamos a cenar con un grupo más pequeño: Bart, Klaas y nosotros, en el Down Town Gourmet Market, un mercado gastronómico internacional en el centro de Eindhoven.

Con más cerveza en el cuerpo que litros de sangre, decidí volver andando al hotel con mi paraguas, pese a que Raquel intentó disuadirme. Entre luces de Navidad, patinetes y bicicletas, llegué antes que los que volvieron en coche. Dormí como un niño chico.

De Efteling y despedida

A la mañana siguiente fuimos al parque de atracciones De Efteling. Me vi obligado a montarme en todas las montañas rusas posibles… salvo una que me dio auténtico pánico y de la que me salí, con la correspondiente reprimenda de Raquel, que las adora.

Almorzamos perritos calientes sin remordimientos y con mucho ketchup. Por la tarde, la parte más tranquila: atracciones para niños y abuelos, enanos, hadas y fantasía. Lo que más me gustó.

Me quedaba algo pendiente: una erwtensoep (sopa de guisantes). Mi tía Lot nos había preparado una cena de despedida en su casa que la incluía. Entrar en su casa ya es un espectáculo: su marido es uno de los mejores decoradores de interiores de los Países Bajos y cruzar ese umbral es una lección de buen gusto.

Ad, además, es amante del buen vino y se había aprovisionado bien. Y el postre… ay, el postre.

A una hora prudente (no son de trasnochar), volvimos al hotel para, de madrugada, tomar el vuelo de regreso. Esta vez sí: dormir, dormir y dormir. Tres meses sin parar de viajar pedían tregua.

Feliz Navidad.

Navidad árbol

La cara B de un guía acompañante.

La cara B de un guía acompañante.

Durante nuestro último viaje por Holanda y Bélgica, pensé que además de grabarme disrutando los monumentos, comidas, etc., iba a grabarme también en aquellas tareas inherentes a mi actividad. 

El trabajo de fondo que garantiza un grupo contento. Lo que no es bonito, ni cómodo, lo que me cansa pero que me apasiona.

¡Vamos allá!

1º.- Domingo por la mañana en La Haya.

Se presenta un microbus para comenzar la visita de Madurodam, Delt, Gouda, terminando nuestra jornada en Amsterdam.

Nada más verlo, pregunto al conductor: ¿cuántos asientos tiene? Y al decirme que 19 le expliqué que éramos 20 personas con la guía local …

Afortunadamente, Pilar, la guía local es una profesional como la copa de un pino.

Pude dejar al grupo en sus manos. Mientras alquilé un taxi con espacio para cargar las maletas (las 19 las subí con mis manitas) y al llegar a Amsterdam volvi a descargarlas en el hotel.

2º.- No hay cansancio.

Estás cansado, y tras repartir las llaves de las habitaciones a los clientes, en lugar de subir y descansar en la tuya, te vás a la sala del comedor a ver que todo esté en orden, comprobar el menú, en especial del cliente que tiene intolerancias a la lactosa, gluten, etc….

3º.- Corre Toon corre.

En la oficina te han advertido que el restaurante está dentro de la estación central de Amsterdam y que no es fácil ubicarlo. Entonces un guía turístico, mientras da un tiempo libre al grupo para compras, corre como una bala al lugar y cuando lo encuentra … se relaja y vuelve a por los viajeros.

4º.- Un hombre sin barriga es como una casa sin balcón.

Controlar el peso en mi profesión como guía, con desayunos buffet es casi, imposible. Una semana comes un bife de chorizo en Buenos Aires, la siguiente desayunas chocolate en Amsterdam y la siguiente, comes falafel de habas en Egipto…. un estómago a prueba de bombas.

5º.- La flexibilidad no es sólo mental en nuestra profesión.

Con tanta comida y tan diversa …. más las largas horas sentado en aviones, buses, trenes … o le quitas horas al sueño y practicas yoga de madrugada o terminas hecho una alcayata.

6º.- Actualízate.

Ves un hotel nuevo y quieres saber qué tal son las habitaciones para una futura estancia. Pues te vuelves a quitar tiempo de descanso y tras hablar con el recepcionista le pides que te enseñe una.

7º.- El guía come como los pollos.

En el trabajo de un guía, es raro el almuerzo o cena que puedas hacer sentado del tirón. Lo normal que es te levantes tres o cuatro veces para comprobar que algún cambio de última hora se ha hecho.

Y a esta lista hay que añadirle las noches que tienes que llevar a un viajero al hospital por una indisposición (afortunadamente pocas) o a una comisaría para denunciar una perdida de documentación, buscar una maleta perdida y un largo etc …

Enhorabuena a todos los profesionales de mi gremio que son verdaderos ejemplos de «Amor al Prójimo» y a sus parejas … verdaderos viudos y viudas del turismo, que nos esperan en casa, llevando la familia adelante.

Toon Espinosa es guía y agente de viajes. Ha guiado sólo en Tierra Santa más de 300 grupos.

 

¿Necesitas fotos de Holanda? Aquí puedes descargar las mías sin problema, están para el que lo necesite.