Explora Eslovaquia y Moravia con Savitur

Parte 1: Eslovaquia

Puedes acompañar este recorrido con el vídeo que he preparado en mi canal de YouTube (Pincha sobre la foto):Eslovaquia

Introducción

Hay viajes que te sorprenden sin haberlo planeado. Este ha sido uno de ellos. Acompañando a un grupo de personas maravillosas, y de la mano de nuestra guía eslovaca Kveta —amable, atenta y con mucho conocimiento, aunque con algunas dificultades para expresarse en español—, nos adentramos en la historia, los paisajes y la vida cotidiana de un país poco conocido: Eslovaquia. Desde su capital Bratislava hasta los pueblos medievales de las montañas, el viaje se fue llenando de momentos mágicos, risas compartidas, comidas locales y descubrimientos inesperados.

Este artículo es un repaso personal de ese itinerario, pensado para quienes vinieron con nosotros, para quienes no pudieron venir, y también para ti, que quizás estés buscando un nuevo destino para tus próximas vacaciones culturales. Puedes ver también vídeos y anécdotas en mi canal de YouTube Savitur con Toon.


Bratislava, la capital del Danubio

Nos alojamos en un hotel muy céntrico y bonito. Me esperaba una ciudad insulsa, pero durante el paseo nocturno que suelo dar con el grupo tras la cena, me llevé una agradable sorpresa. Calles cuidadas, con una más que aceptable vida nocturna, buena iluminación, sus ayuntamientos, plazas y torre nos invitaron a disfrutar.

Al día siguiente, junto a Jiri, nuestro conductor checo, comenzamos a adentrarnos hacia el oeste del país. El paisaje cambió porque su capital está más cerca de Austria y Hungría, y se notan sus influencias, pero conforme te adentras vives una realidad mucho más rural (y no por ello peor). Así llegamos a la región de las minas, y en concreto a:

Banská Štiavnica, ciudad de minas y encantos

El paisaje se conforma de bosques montañosos donde el imperio austrohúngaro extraía oro y plata de sus minas. Te choca un poco ir a un país para ver un pequeño pueblo tan encantador. Banská Štiavnica nos recibió con sus calles empedradas, casas de colores pastel y un aire de noble decadencia. Tiene una calle claramente influenciada por el estilo francés (con aceras más elevadas y restaurantes y hoteles con encanto).

Visitamos la iglesia barroca de Santa Catalina, el castillo viejo y la plaza de la Trinidad, presidida por una imponente columna de la Inmaculada, y en la lejanía, la silueta de la calzada que conduce al famoso sitio de peregrinación Štiavnická Kalvária (Putnické miesto), situado en una colina cercana. Almorzamos en un restaurante local con terraza, rodeados de rosales y vistas a los tejados. Algunos se animaron a comprar artesanía local, como cerámica pintada o jabones naturales.

Más tarde llegamos para dormir en Zvolen, en un hotel a las afueras que se llama Hotel Tenis. Se trata de un buen hotel especializado en acoger a deportistas. Un buen 4 estrellas en el que cenamos y descansamos de lujo. Las habitaciones eran amplias y confortables y la piscina nos hizo pasar un rato fenomenal.

Por la mañana nos acercamos al centro de Zvolen y celebramos la misa en la iglesia de Santa Isabel. El pueblo eslovaco es en general muy creyente y practicante (católico).

Seguimos en la región minera y nuestra guía Flor (Kveta en eslovaco) nos sorprendió llevándonos a otro pueblo minero que se llama Špania Dolina. Más pequeño que Banská, pero con un encanto más que el pueblo disfruta como emblema de su carácter. Allí subimos a su iglesia por una larga escalera con tejado de madera, como si fuera el interior de una mina.

Hronsek y su iglesia protestante

Seguimos alternando montañas y llanuras sembradas de cereal. El bus paró en un cruce por donde circula un tren, poco antes de llegar a Hronsek, donde visitamos una iglesia protestante de madera.

Esta iglesia es uno de los ocho templos de madera construidos por las comunidades protestantes tras el Edicto de Sopron de 1681, que permitía su culto bajo condiciones extremadamente restrictivas. Entre esas condiciones estaban que el templo debía estar construido enteramente en madera, sin usar clavos metálicos, y fuera del centro del pueblo. No podían tener torre, ni campanario, ni entrada directa desde la calle principal, y debían completarse en menos de un año.

A pesar de estas limitaciones, la iglesia de Hronsek es una joya arquitectónica que transmite sencillez y devoción. Su interior de madera tallada nos envolvió en un ambiente recogido y sobrio, en contraste con las iglesias católicas más ornamentadas que habíamos visitado.

Caminando desde la iglesia de madera fuimos a tomar café a un castillo en el mismo pueblo: Vodný hrad. Tuvimos que llamar a una muchacha del pueblo para que lo abriera.

Después visitamos la villa de Vlkolínec, declarada Patrimonio de la Humanidad. Esa misma tarde llegamos a la plaza de Levoča, donde paseamos y visitamos la iglesia de Santiago Apóstol. Su altar gótico, de madera, es el más alto de Europa: 18,6 m. Tras esa primera visita y un paseo por el centro histórico, nos alojamos en el hotel U Leva. Verdaderamente merece la pena gastar un poco más y dormir en este hotel porque este sitio es ¡increíble!

A la mañana siguiente, regresamos a la iglesia de Santiago para celebrar allí la misa. Tras la celebración, tuvimos otra visita sorpresa:

Poprad

En su plaza principal se conservan casas tradicionales de comerciantes alemanes, posiblemente pertenecientes a la antigua red de la Liga Hanseática o inspiradas en su estilo. Estas viviendas, con sus fachadas características, nos recuerdan que Poprad fue un importante centro comercial en la Edad Media gracias a su ubicación estratégica entre rutas de montaña.

Durante nuestra breve estancia, nos colamos discretamente en una de sus iglesias: la Iglesia de San Egidio (Kostol sv. Egídia), situada en el centro histórico. El párroco nos regañó, pero mereció la pena: el interior resultó ser todo menos sobrio. Se trata de una iglesia gótico-barroca que conserva frescos monumentales del siglo XV cuidadosamente restaurados. Sus vitrales filtran una luz colorida que baña el templo, y su campanario renacentista de 1592 añade carácter al conjunto. El altar principal y la riqueza decorativa contrastan con la sobriedad exterior, convirtiendo esta visita en una grata sorpresa.

Jiri, nuestro conductor, detuvo el bus con la silueta de los montes Tatras frente a nosotros. Los Tatras son preciosos. Alquilamos una barca para remar por un lago alpino: Štrbské Pleso. Nos reímos mucho y al final se asumió, no sin humor, que tengo que mejorar mi técnica de remo… eso sí, acabé con unos buenos callos en las manos.

La última visita del día, me la habría ahorrado: Pribylina, una recreación de las casas más pintorescas de Eslovaquia.

Fuimos a dormir al hotel Mercure de Žilina. Un buen hotel en una ciudad sin mucho carácter y poco que ver.

El domingo fuimos a Trenčín, ciudad de fundación romana con un increíble castillo que visitamos y una plaza con una iglesia jesuita cuyo interior quitaba el sentido. De gente local que acudió a misa. Salía hasta mitad de la plaza de tanta gente que había por supuesto.

Y nos despedimos de Eslovaquia en la ciudad balneario de Trenčianske Teplice. Aquí visitamos un antiguo baño turco muy interesante, vestigio del pasado otomano en la región, y disfrutamos de un almuerzo delicioso en el restaurante R Club, cuyo menú fue el broche perfecto para nuestra estancia en Eslovaquia:

  • Entrante: Queso de oveja sobre ensalada verde con crujiente de bacon y aceite de cebollino.
  • Plato principal: Pechuga de pollo rellena de tomate seco y mozzarella, acompañada de arroz guisado y ensalada verde.
  • Postre: Helado recubierto de frutos secos con ragú de albaricoque.

Tras la comida nos despedimos de nuestra guía Kveta, agradeciéndole su dedicación y paciencia a lo largo de todo el recorrido. Fue un momento emotivo. Con ese cierre, subimos al autobús y cruzamos la frontera con la República Checa, adentrándonos en la región de Moravia rumbo a Olomouc.

👉 Muy pronto: la segunda parte de este viaje con Savitur, donde exploraremos la región de Moravia y Olomouc.